Las mentiras repetidas

Utopías Posibles

En música sabemos que cuando repetimos varios sonidos a la vez, varias veces, nuestro cerebro los toma automáticamente como referencia. Haga la prueba, si puede. Si tiene un piano o teclado eléctrico, toque las tres primeras teclas que desee, al azar. Sonarán «raras», «feas». Luego repítalas unas cuantas veces y alterne con otras que igualmente «suenen mal». Al volver a esas tres notas, nuestro cerebro del algún modo volverá a un lugar «seguro», simplemente porque ya lo ha escuchado antes. También sabemos que cuando el más horrible de los estribillos se repite hasta la saciedad en emisoras de radio y medios de comunicación, terminamos por aprenderlo de memoria, queramos o no (tanto más cuanto más simple sea).Una mentira repetida no se convierte en verdad, pero se convierte en algo que suena familiar. La primera vez nos indignamos, nos suena estridente, nos chirría. Después tal vez aprendamos a ignorarla o nos acostumbremos a oírla. Más adelante llegaremos a plantearnos si tiene algo de verdad: «cuando el río suena...», dice el refranero.De igual manera que con la tabla de multiplicar o la lista de preposiciones, hay mentiras que pueden permanecer en nuestra mente para siempre. Estamos muy acostumbrados a las mentiras en el ámbito político, en todas direcciones, con todos los asuntos y procedentes de todos los bandos, pero el volumen, la magnitud y el alcance actual de ciertas mentiras es inaudito. Tanto, que aún no sabemos dónde nos llevará tal acumulación de mentiras.Es mentira que nadie esté dando un golpe de estado. Es mentira que vayamos camino de una dictadura. Es mentira que una amnistía sea pedir perdón. Es mentira que se esté politizando la justicia (más de lo que siempre estuvo, hay que añadir). Es mentira que la investidura sea de algún modo ilegítima. Es mentira que tenga que gobernar la lista más votada. Es mentira que tengamos ahora peores datos económicos que hace cuatro años. Es mentira que nadie se haya bajado los pantalones ante nadie. Es mentira que unos amen este país y otros no. Todo lo anterior son hechos constatables sobre los que cada cual puede construir libremente su opinión, faltaría más. El problema es que tengamos que recordarlo. Como dijo Beltrolt Brecht: «¿Qué tiempos son estos que vivimos, que es necesario defender lo obvio?». Mucho cuidado con las mentiras que nos repiten y repetimos las demás. Nos pueden costar muy caro.

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