Mundos del universo escolar
Utopías Posibles
Todas las personas, sin excepción, tendemos a normalizar nuestras circunstancias de vida. Es una estrategia de supervivencia, fruto de la enorme capacidad de adaptación del ser humano. Quien tiene un buen trabajo, una casa, un coche y una familia estable, piensa que eso es «lo normal» y en función a eso establece lo que es justo o no, lo que es exigible a los demás o no según su propio rasero, que no es otro que el de sus propias experiencias y contexto vital. Igual sucede con los extremos. Quien tiene una vida especialmente difícil, en una familia desestructurada, con graves problemas económicos, incluso con situaciones de malos tratos o abandono, tiende a pensar que «no es tan malo», que «no está tan mal» y que si alguien lo ve mal, es su problema. En el otro polo, quien tiene un nivel alto de vida y de repente no puede costearlo, considera que perder uno de sus cinco vehículos o no poder disponer de una asistente en el hogar a tiempo completo es un auténtico drama.Como dice mi amigo Miguel Vera, uno de los principales aprendizajes que podemos hacer como personas es cuando descubrimos que nuestro ombligo no es el centro del universo. Extrapolado a la escuela, esto significa que cuestionemos y nos preguntemos constantemente lo que consideramos normal o anormal, justo o injusto, en todas las situaciones, en la manera de relacionarnos, en los contenidos, en las exigencias mutuas. Cada cual tiene una mochila existencial más o menos pesada, cargada de felicidad o de angustia, de ilusiones o decepciones, de circunstancias vitales, que hacen que veamos el mundo de una manera o de otra. Querido profesor, querida profesora, lo normal no es necesariamente que el alumnado tenga éxito como lo tuviste tú, que aprenda con los mismos métodos que lo hiciste tú o con tus estupendas actividades. Querido padre, querida madre, lo normal no tiene por qué ser que todo el mundo viva como vives tú, se relacione así con sus hijos e hijas, tenga tus mismas creencias, tus mismos valores. Querido alumno, querida alumna, no todo el mundo tiene las mismas circunstancias que tú, no siempre las familias son como la tuya (para bien o para mal) ni tampoco tienen por qué compartir gustos, preferencias o amistades. ¿No hay límite entonces? ¿no hay un mínimo común? Sí que lo hay: los derechos humanos. Solo que dentro de ese límite, entre el blanco y el negro, la escala de grises es infinita.
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