Trocitos de felicidad

César Vargas

03 de febrero 2024 - 00:00

Antaño, cuando la vocación periodística acompañaba mis días, analizar pormenorizadamente el fútbol era mi entretenimiento predilecto: las tácticas, las estrategias, los futbolistas, las estadísticas. Uno era joven y libre de creer que, como comunicador, se le exigiría eso el día de mañana, en lugar de cubrir aburridos actos publicitarios o realizar amables entrevistas al político local de turno con el objetivo de que siguiera soltando pasta en concepto de promoción institucional. Afortunadamente eso pasó, así como mi afán por desgranar al milímetro cada partido. Uno crece, se enfría y se vuelve pragmático. De un tiempo a esta parte, el fútbol ha perdido toda su complejidad para mí. Un día de partido es sinónimo de comer fuera, de previa y de estadio. Alejo toda obligación. Lo he simplificado tanto que solo distingo entre lo que me hace feliz y lo que me perturba. Sin más. Por eso, aunque entiendo que un club debe desprenderse de sus estrellas para sobrevivir, para ampliar su límite salarial o para invertir, aunque comprendo que los futbolistas solo están de paso y aunque sé que la norma dice que el pequeño ofrece y el grande compra, me da igual. En su día repudié la venta de Sadiq porque la asocié a pérdida de felicidad. Y, aunque sabía que podía suponer un impulso económico, me enfadé. También me molestó que separasen los fondos del césped a principio de temporada. Nos dijeron que era útil por aquella pantomima de empezar las obras antes, pero tampoco me importaba. Se perdió ambiente y, por tanto, diversión. El miércoles el club oficializó la marcha de Akieme. Necesaria para liberar masa salarial e inevitable porque el futbolista está para mucho más, pero triste. Con Darwin, Sadiq, El Bilal o Akieme se marcharon trocitos de felicidad. De ganas de estadio. De disfrute. La razón dicta que todo eso es necesario para la viabilidad de un club. Yo no tengo ni idea. Solo sé que el fútbol así es más soso. Y el Almería, sin esos jugadores, mucho más aburrido.

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